por LUIS FERNANDO PASO VIOLA FRERS
Transcurría el año 1910 y el flamante
Racing II estaba acumulando laureles para su gloria eterna en una lucha
increíble. Mientras ello acontecía ya deslumbraban cracks que llevarían a la
institución a su hora más gloriosa que era el ascenso a la Primera División.
Teodoro Muttoni, hermano mayor del que
luego sería el primer arquero campeón de primera división que intervenía en un
club de barrio de Avellaneda, llamado Mariano Moreno, le había pedido un año y
medio antes a su hermano Carlos para armar una Cuarta B con buen nivel
competitivo para hacerlo intervenir en los campeonatos oficiales de cuarta en
el Ascenso. En esa época era permitido y casi habitual que se anotaran para
tratar de campeonar más de una cuarta, por el número de juveniles de muy buen
rendimiento que ya pululaban en los baldíos y potreros de Avellaneda.
De este modo el primer club de fútbol de
la Asociación Amateur con un notable semillero resultó ser RACING CLUB
Así las cosas y en pleno desarrollo del
campeonato de 1910, la Cuarta A de Racing era invencible y de allí el mote de
“Cuarta de Fierro”.
Carlos Antonio Muttoni se encargó de armar
e inscribir con autorización del presidente de Racing, Don Pedro “Perico”
Werner, la Cuarta B con excelentes valores que el afamado arquero rescata del club
barrial Mariano Moreno ya mencionado.
Con gloria sin par finalizado el
campeonato, resultan punteras en las respectivas secciones A y B de esa
divisional RACING CLUB IV A (CUARTA A) y RACING CLUB IV B (CUARTA B).
Una vez llegadas a la final y enfrentadas
ambas cuartas, y en contra del presentimiento de muchos que anticipaban un
logro importante de la Cuarta A “de Fierro´” el resultado final destronaba a la
Cuarta A ya que venció la Cuarta B por 1 a 0, con el gol de Luis M. Castagnola,
uno de los hermanos del luego consagrado Roberto Bartolomé Castagnola, célebre
back de las décadas del ‘10 y del ‘20.
En esa cuarta B triunfante armada bajo la
capitanía de Carlos Antonio Muttoni y con figuras como Francisco Carlos Olazar,
Ricardo Pepe, Armando Reyes, Ángel José García y Luis María Castagnola, entre
los más conocidos, figuraba un juvenil elemento que demostraba cualidades
técnicas maravillosas para la práctica del fútbol, ya que había sido uno de los
artífices de esa Cuarta que doblegara a la Cuarta de Fierro.
Su nombre era Manuel Calviño, su mote
“Bolinches”.
Para tristeza de todos y pena para Racing
y el fútbol Argentino, terminada esa final, poco después este jovencito de 17
años fue internado en el Hospital General de Agudos Dr. Enrique Tornú de una
dolencia por entonces incurable, la temida tuberculosis donde unos meses
después falleciera, exactamente el 20 de mayo de 1911.
Manuel Calviño
El hecho de carecer de familia pudiente
este novel elemento, fueron sus compañeros quienes tomaron la iniciativa de
darle cristiana sepultura. El 22 fue el sepelio en el Cementerio del Oeste,
hicieron uso de la palabra pronunciando sentidas frases de despedida los
jóvenes jugadores de la Cuarta Muttoni y García. Otros compañeros de ambas
cuartas estuvieron presentes como el arquero Ernesto Traba, Marcovecchio,
Viazzi, Job Gómez, Pedro Etchegaray, Reyes, Panizza, Rigiardo, Hoffman, Basso y
otros.
Faltaba lo peor. En el acto de la entrega
de medallas a los integrantes de esa cuarta quedó sin destino la correspondiente
al fallecido Calviño y con acuerdo del plantel dicha medalla fue prendida en el
pecho del fallecido en una fotografía que ilustraba ese éxito, que se reservó
en la sede social del Racing Club.
Durante largo tiempo podemos ver una
fotografía de esa fotografía y vemos estampada esa medalla que guarda forma
desproporcionada con la figura de los jugadores y motiva mil preguntas que
significa “esa cosa con forma de escudo”.
Queda así relatada por primera vez esta
pequeña historia entrelazada con un encumbramiento de noveles jugadores que al
poco tiempo llenarían de gloria a Racing y el triste epílogo en la vida de ese
astro bisoño llamado para grandes realizaciones que no se pudieron cristalizar.
Esta semblanza está destinada a conocer a
un jovencito crack, cuando todo era esperanza para el cuadro que se encontraba
formando.
Queremos que lo que aquí se narró haya
sido dicho con la mayor seriedad y respeto, porque deseamos que perdure en la
historia del Racing Club ese crack en formación, a quien lo sorprendiera la
muerte a la muy temprana edad de 17 años poco después de ingresar en la
conformación de la Cuarta División B, que como está dicho en otra parte de esta
historia, fuera la cuna de muchos de los grandes cracks que hicieron la
historia siguiente tan gloriosa a partir de 1913.
Seguidamente presentamos la foto de esa
Cuarta B que en 1910 en el campeonato de cuartas divisiones, se enfrenta con
otra Cuarta, también de Racing, denominada A, que gozaba de justa fama y que
había merecido por sus actuaciones la denominación de “Cuarta de Fierro”.
Queremos que el lector observe con detenimiento en esa formación de la Cuarta B que en el centro de la delantera, está sentado ese joven novel jugador: Manuel Calviño era su nombre y apellido.
Ante tan triste epílogo de este bisoño
crack, hemos querido resaltar su figura para evitar que con el transcurso del
tiempo, que restaña heridas y marca olvidos, sumerja a Manuel Calviño en el
olvido, en un ilustre desconocido para nuestra querida institución y su
historia, siendo que en el poco tiempo que le tocó vestir la camiseta de Racing
marcó muchos goles, excelentes jugadas y hechos que deben perpetuarse como
ejemplo.
No dejemos que quede sin homenajearse a
este pequeño grande.


